Transformación Digital en Bolivia: Más allá de la firma de PDFs

En los últimos días, el debate sobre la digitalización y el trabajo a distancia para administrar el Estado ha cobrado fuerza. Sin embargo, es fundamental entender que la transformación digital no es un fin en sí mismo, sino un proceso profundo de revisión, análisis y rediseño de los procesos internos de una organización, siempre con el objetivo de brindar un mejor servicio al ciudadano.

El peligro de «digitalizar la burocracia»

Uno de los riesgos más grandes que enfrentamos actualmente es confundir la digitalización con el simple uso de herramientas aisladas. Mostrar la firma digital como el máximo símbolo de este proceso es peligroso; si solo la usamos para firmar PDFs sin cambiar el fondo de los trámites, lo único que estamos haciendo es digitalizar la burocracia.

Para que un cambio sea real, se requiere:

  • Una mirada completa de todos los procesos internos para acortarlos y optimizarlos.
  • Entender que el 80% de la transformación digital es cultura y solo el 20% es tecnología.
  • Capacitar y convencer a los funcionarios de que existen mejores formas de trabajar para dejar atrás el papel. Siendo ellos mismos proponentes de estos cambios

Lecciones aprendidas y barreras actuales

Bolivia ha intentado implementar procesos de «cero papel» desde hace años. Un ejemplo claro fue la AGETIC en 2018, que logró su digitalización interna en tres meses, aunque enfrentó resistencia sobre todo en las áreas jurídicas y de auditoría.

La consolidación total tomó un año y medio debido a la interconexión con entidades externas que, en su momento, no estaban listas para recibir documentos digitales y exigían firmas visibles en papel. A pesar de que la firma digital es legalmente válida en Bolivia desde 2011, el proceso de demostrar su validez funcional sigue siendo un reto cultural importante.

La urgencia de una visión integral

En el contexto actual, normativas como el Decreto 5515 y el Decreto 5519 (que involucra un despacho virtual presidencial) pueden cometer el error de generar un «mix» ineficiente entre papel y sistemas digitales; en esos escenarios, el papel siempre termina ganando.

Para evitar esfuerzos duplicados y la dispersión normativa, Bolivia necesita:

  1. Uniformidad: Evitar que cada entidad pública cree sus propias soluciones aisladas que confundan al ciudadano. Como el gestión pasada el Ministerio de gobierno promovía el «Estado Digital» como si fuera una entidad aislada de las demás, sin el uso de las herramientas de gobierno electrónico ya funcionales y generando confusión del ciudadano.
  2. Gobernanza Tecnológica: Un liderazgo centralizado para dictar y controlar lineamientos claros.
  3. Infraestructura Pública Digital: Priorizar herramientas de gobierno electrónico que funcionen 24/7 y sean adoptadas por todo el órgano ejecutivo.

El horizonte 2025 y los modelos de madurez

Estamos en un punto crítico. En 2025 se vencieron los plazos de siete años de los planes de implementación de Software Libre y Gobierno Electrónico. Lamentablemente, no contamos con estadísticas públicas que nos digan cuánto hemos avanzado realmente o que resultados tenemos después de siete anos. Solo se establecieron nuevos plazos como si volviéramos a empezar

No podemos simplemente reiniciar el cronómetro otros siete años con los mismos planes de hace casi una década. Es urgente adoptar una mirada integral de la madurez tecnológica de cada entidad publica que le ayude a determinar donde se encuentra y cuales son los siguientes pasos para que la transformación digital sea coherente y sostenible en el tiempo. Sin procesos coherentes por detrás, los sistemas inevitablemente fallarán.

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